LIBROS RECOMENDADOS

FOTOGRAFIA DE MODA O CÓMO APRENDER DE LOS GRANDES

LIGHT & SHOOT. 50 fotos de moda
Chris Gatcum, Ed. H. Blume, Madrid, 2012


La selección de este libro fue en un principio por lo llamativo de su portada -cosa lógica tratándose de un libro de fotografía de moda- pero es que el interior no tiene desperdicio, cincuenta fotos espectaculares, de otros tantos fotógrafos internacionales acostumbrados a trabajar para las mejores publicaciones, marcas y modelos, cada cual con su propio estilo y magia comunicativa al servicio del diseño y la moda.

De una forma muy práctica y visual, el libro se divide en una explicación básica de los principios de la iluminación, la fotografía de estudio, las localizaciones y el uso de monocromo. Lo que hace este libro diferente a otros de esta categoría es la estupenda explicación de cómo el fotógrafo en cuestión ha seleccionado el ambiente, la posición de modelos, el tipo de cámara empleada, y los detalles  tan concretos como el objetivo utilizado, la apertura del diafragma, la velocidad de obturación, el tipo de película y por supuesto la iluminación empleada, aportándose además ilustrativos diagramas en 3D de cómo se planteó el set, lo que convierte este libro en un estupendo método de aprendizaje, que puede ser empleado por el simple aficionado al profesional y aplicable no sólo a moda, sino a cualquier temática.

Natalia Molinos








La importancia de la investigación técnica en el arte

La Ciencia del arte. La óptica en el arte occidental de Brunelleschi a Seurat”. Martin Kemp. Editorial Akal, Colección  “Arte  y Estética”, 2000.

Cuando contemplamos arte a veces no nos damos cuenta de lo ligado que está a los avances científicos correspondiente a su era y, sin embargo, así es. Las pirámides o las catedrales góticas nunca podrían haberse levantado sin los saberes matemáticos y técnicos de los correspondientes arquitectos y en la actualidad ocurre igual con obras como las de mi venerado Bill Viola, que desde los años setenta ha apostado por distintos formatos audiovisuales -video, cámaras digitales, cine- adaptándose siempre al ritmo de la tecnología y ahora incluso su soporte es tecnológico, utilizando pantallas lcd como si fuesen tradicionales lienzos. Pero siempre la tecnología, los inventos, los avances, son un medio para conseguir un fin: el hecho estético. Como antiguamente se conocían los secretos químicos de la mezcla de los pigmentos  y aceites, hoy el artista se enfrenta al reto de conocer en profundidad la tecnología además, por supuesto, del conocimiento de la historia del arte y de la propia pericia como artista. Es evidente que hoy día ya ningún autor –independientemente del medio en el que se exprese- puede prescindir de tener su obra en formato digital para facilitar su difusión o estar presente en las redes sociales. El artista, como cualquier otro ser humano, es producto de su tiempo.


Un ejemplo del impresionante trabajo de Bill Viola: The Quintet of the Astonished (2000)

La Ciencia en el Arte  de Martín Kemp nos presenta a través de las tres partes de su libro, una investigación acerca de los adelantos que gracias a la ciencia sirvieron a los artistas para mejorar la calidad de su obra, y el momento culminante para esto fue el Renacimiento italiano. Desde antiguo, los pintores se habían enfrentado al reto de trasladar figuras, edificios y objetos de forma realista a sus obras. Los estudios de la anatomía humana, el propio funcionamiento del ojo, de la vista, eran tan fundamentales como los conocimientos de las matemáticas o la geometría para el cálculo de las dimensiones de edificios y la composición de las obras en general. Todos estos saberes, unidos a las propias técnicas artísticas, fueron evolucionando con el tiempo al ritmo de los descubrimientos de otras ciencias, como la medicina, la botánica, etc. Por eso no es extraño que fuera precisamente un pintor con formación en arquitectura y matemáticas, Brunelleschi, el inventor de la perspectiva lineal en 1413. Para Kemp es ya un autor plenamente renacentista que, sin embargo, debe a su invención el conocimiento de técnicas de época medieval. El descubrimiento de la perspectiva lineal –resultado del estudio de la matemática y la geometría aplicada al arte- fue un gran avance técnico que afecto profundamente al desarrollo de la pintura y el arte. Con ella se consiguieron profundidad y armonía, en definitiva, imágenes pictóricas más reales al ojo del espectador.  La perspectiva lineal no sólo permite la correcta ubicación de figuras y elementos en el espacio en claves de profundidad y acercamiento sino que fue importantísima en el cálculo de las obras en escorzo y cuadros situados a alturas diferentes al ojo del espectador, algo que fue perfectamente por autores como un muy joven Masaccio y otros muchos, entre los cuales estuvo también Leonardo Da Vinci.

De avances que se producen a partir del Renacimiento italiano -e incluso ya algo antes, en el Trecento- hasta el siglo XIX y sus correspondientes autores nos habla la primera parte de este tratado. Tras el invento de la perspectiva lineal por italianos, muchos otros pintores europeos querrán con ella mejorar sus obras. El primero será el alemán Durero, que además nos ha dejado grabados que nos informan de las máquinas y otros métodos que se utilizaban para calcularla. Y es aquí donde entramos en la segunda parte del libro, que nos informa sobre estos “inventos”,  máquinas que facilitaron a los artistas el cálculo correcto para la perspectiva lineal, como telas con hilos de colores o cuadrados que servían para trasladar al lienzo o papel de forma correcta lo que el ojo humano percibía, espejos, pasando con el correr del tiempo por cajas negras y otras aproximaciones de nuestra actual cámara de fotos o de cine. Las imágenes dispuestas en este volumen esclarecen muchas explicaciones de otros manuales sobre este tipo de maquinarias.

La tercera parte del libro se dedica a la investigación sobre la luz, arranca con las investigaciones de Newton, que no fue el primero en experimentar con la luz del sol a través de un prisma de cristal pero sí fue el primero en creer allá por 1672, que la luz “blanca” era un compuesto que se dividía en colores diferentes al pasar por un prisma y que entre estos rayos de color algunos no podían descomponerse aún más, los “colores primarios”. Newton siguió con su investigación óptica, arrastrando a muchos científicos tras ellas y al perfeccionamiento como la “rueda de color” que introducía las tonalidades de éste. Pero todo esto no era tan sencillo trasladarlo a la práctica pictórica. Louis Bertrand Castel volcó su interés en los “colores materiales” de los pintores, sobre los “accidentales y e incorpóreos del prisma y el arco iris”, una teoría cercana a la aristotélica de colores reales y aparentes y que Castel unió a la música, con su teoría del “Clavecín ocular” fue muy conocida Óptica y matemática van de la mano, incluso de la música. Muchos otros artistas a lo largo del tiempo siguieron desmenuzando los entresijos de la descomposición del rayo de luz, del color –recordemos el trabajo de los impresionistas franceses- e incluso en la actualidad nuevas investigaciones están teniendo lugar.

El autor nos plantea como final una “coda”, un epílogo con referencia musical que condensa la estrecha relación que durante todo el planteamiento del texto nos ha hecho entre matemáticas, música y pintura, y confiesa no haber llegado a una verdad perfecta, algo a tenor de todo lo visto muy cierto….las futuras incorporaciones técnicas y científicas son el capítulo siguiente e infinitamente inacabado ya que la ciencia continúa trabajando como aliada de los artistas.

Un manual imprescindible.

Natalia Molinos


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